jueves, 10 de septiembre de 2009

excursiones por La Merced

Aquí os pongo algunas de las cosas que hicimos por ahí en la selva. No hay mucho que contar, más bien os dejo con las fotos.

El puente que hizo el ingeniero italiano sobre el río. Como veis el tamaño no es problema




El velo de la novia, la catarata a la que nos llevaron.

Parte del grupo con el que fuimos.

El premio de la subida.






lunes, 7 de septiembre de 2009

imágenes de máncora (primeros de julio)

Y de nuevo volvemos al pasado. A primeros de julio ahí estaba yo, en Máncora, disfrutando de anocheceres como estos y del olor del Pacífico







al día siguiente subió el agua, pero mucho y todos los surferos estaban contentos.






Oxapampa y Pozuzo (25, 26, 27 agosto)

La historia es increíble. Trasladémonos por un momento al siglo XIX, Europa. Varias regiones alemanas y austriacas sufren de hambre crónica, los agricultores no poseen la tierra y no sólo su presente sino su futuro parece no existir. Muchos de ellos se plantean la emigración como la única salida para sobrevivir. Des otro lado del océano, en el estado peruano, se acaba de reprimir el alzamiento del jefe ashaninca Juan Santos Atahualpa. La región de La Merced ha quedado despoblada ya que los nativos de aquella zona han sido trasladados para que no dieran su apoyo a este líder local. Una inmensa extensión de ceja de selva ha quedado vacía, sin nadie que la habite. Entre estas dos necesidades aparece un noble alemán que negocia con el Perú. Si ellos se comprometen a darles la tierra y pagar por el pasaje, él traerá un buen número de alemanes dispuestos a colonizar y hacer productivas esas tierras. Perú acepta, pero los colonos deben ser católicos y tener todos ellos oficio. Se comprometen también a hacer ellos la carretera que irá hasta el lugar donde se debería fundar la colonia. Así comienzan los preparativos. Se corre la voz y se van sumando artesanos del sur de Alemania, la voz corre gracias a los jesuitas por Austria y del Tirol se suma un buen grupo de colonos.
Así empieza la odisea de unos cientos de alemanes que parten del mar del norte y llegan al puerto del Callao a alrerdedor de 1858. El viaje lo hacen hacinados en un buque de carga que normalmente transportaba huano (mierda de pájaro) y cuando llegan tienen que pasar la obligada cuarentena. Cuando comienzan a hacer los preparativos para su partida, comprando animales, abastos y demás cosas necesarias para iniciar su nueva vida, les llega la noticia de que la carretera no ha sido ni empezada. El poder político que había pactado con ellos ya no existe y se encuentran casi dejados de la mano de dios. Igualmente deciden partir y arriesgarse, lo que dejaban atrás no era mucho mejor y aquí por lo menos podrían ganarse el sustento con su trabajo en sus propias tierras. Comienza así un viaje épico en el que atraviesan las montañas y después kilómetros de selva virgen para llegar a un pequeño valle en medio de la nada después de dos años de peregrinación. Fundan dos poblaciones: Tirol, la más pequeña donde se quedan los austriacos y Pozuzo la colonia más grande donde viven los alemanes. Así comienzan una increíble lucha contra la naturaleza en un ambiente completamente desconocido para ellos. Por no tener no tienen ni hierro y tienen que hacer sus casas y sus muebles con clavos de madera. Hacen sus iglesias y poco a poco comienzan a normalizar su vida a pesar del aislamiento en el que se encuentran. Poco después una parte de los colonos se va a otro valle y funda Oxapampa. Poco despúes se convertirá en la ciudad más importante de la región. Pero la carretera a Pozuzo no llega y la población vivirá aislada casi hasta los años cuarenta del siglo pasado. Todos los apellidos, todas las caras e incluso las costumbres son alemanas y austriacas. Por la calle caminan rubios de ojos azules en plena selva, hablan su idioma y cocinan sus platos adaptados a la nueva realidad. Con la llegada de la segunda guerra mundial y el apoyo de Perú a los aliados y su declaración de guerra a Alemania los pozuzinos son obligados a hablar en español y se les prohibe el uso del alemán. Hoy en día casi nadie habla alemán, la población ha cambiado mucho desde que se abrió la carretera y ha venido gente del resto del Perú, pero por la calle se siguen viendo rostros blancos, ojos azules y cabellos rubios. La iglesia del pueblo parece venir directamente de los Alpes y forma un contraste bien chocante con la selva a sus espaldas.

Camino a Pozuzo y Tirol.

Esta gasolinera, lo creais o no, se encontraba dentro de una tienda.

Esta es la iglesia de Tirol

Algunas de las fotos de los colonos, algunos años después de haber llegado





Curiosamente en esta región de la selva fueron los alemanes los que volvieron a traer el tabaco. De esta manera hizo un camino de ida y vuelta y los puros aquí se hacen a la manera alemana y no americana.



Más imágenes de Pozuzo






Imágenes de Oxapampa






jueves, 3 de septiembre de 2009

regreso al futuro

Hace tiempo que no escribo, el tiempo va pasando y yo todavía estaba en Máncora, en el norte de Perú, esperando a pasar a Ecuador y seguir con mi temporada de playa. Desde allí pasaron muchas cosas y hay muchas fotos por ver pero voy a saltarme un tiempo y retomar el presente para acercaos a algo más actual, después iré intercalando episodios de lo que son prácticamente dos meses de viaje. Después de ese periplo por el norte de Perú y el sur de Ecuador, volví a Lima. Como anteriormente Tomás y la familia al completo me recibió de nuevo haciéndome sentir como si estuviera en casa. La idea era quedarme allí una semana, esperar a Antonio que venía de España y luego comenzar a viajar en dirección al sur. Bueno, no pudo ser así y, entre que Antonio tardó más de lo que esperaba y que Lima volvió a mostrar sus encantos, me quedé prácticamente un mes. Ahora os escribo desde Ayacucho o Huamanga, como queráis llamarle, bajo un agradable sol de sierra. Hace algo más de una semana que salí de Lima y todavía me siento triste de haberla abandonado. Me tuve que despedir de una ciudad que me había acogido con los brazos abiertos, que me había abierto las puertas de la casa y sin preguntar me había metido hasta la cocina. Me fui de allí triste, pero también con ganas de conocer más sitios de Perú, de retomar el movimiento del viaje. Esta vez sin embargo iba a ir acompañado. Salíamos Antonio y yo de camino a La Merced. Os voy a poner en antecedentes, antes de que veáis las fotos. Lima se encuentra en la costa, a su espalda y a no muchos kilómetros comienza a alzarse la cordillera de los Andes, kilómetros y kilómetros de valles y cerros en los que puedes pasar tranquilamente del nivel del mar a los 5000 metros de altura. Un paisaje lunar, donde la naturaleza se desnuda y muestra sus vetas abiertas, sus huesos y sus tendones, el material del que está hecha. La luz cae dura sobre las láminas de roca que se amontonan en caprichosas formas y lucen sobre el fondo de un cielo azul en el que las nubes se perfilan como si fueran ellas las que son de roca. El aire es puro y cristalino y la vista alcanza hasta el infinito sin que nada se lo impida. Ese idílico paisaje de pureza contrasta con la ciudad de La Oroya. Uno de esos puntos donde la industria minera ha puesto sus ojos y sus instalaciones convirtiéndolo en una de las diez ciudades más contaminadas del mundo. Pasando sobre el río por la carretera uno ve como las aguas claras se tornan marrones al contacto con los desagües de las plantas. La ciudad es enana, un pequeño núcleo urbano que pasa desapercibido entre las montañas y donde no para el autobús. El autobús se detiene en las afueras, en una parada de carretera en la que se amontonan una decena de restaurantes con buena comida, eso si. La montaña sigue después de La Oroya donde ya las aguas que bajan van hacia el Atlántico y no al Pacífico, como hasta ahora. De camino a Tarma el paisaje continúa igual de seco y lunar, ahora ya con pueblos y pequeños parches de verde en los valles que se adivinan al fondo junto a pequeños ríos brillantes que serpentean por entre cañadas. Es pasado Tarma cuando uno comienza a sospechar que más adelante se va a encontrar con algo nuevo. Poco a poco el frío de fuera desaparece y los grupos de árboles se empiezan a hacer más comunes, hasta que finalmente el verde estalla en la ventana del autobús y uno se da cuenta de que ha llegado a la selva. A diferencia de la selva de río, el Amazonas, que está más lejos hacia el este, esto es ceja de selva, una selva que escala las montañas escarpadas y cubre de verde hasta el último rincón, el sol pega fuerte y, debido a la altura, todavía no hay esa humedad insoportable de la margen de los ríos. Después de San Ramón aparece La Merced. La Merced es una pequeña población rodeada de selva, un valle que ha sufrido los embates de la extracción de madera durante las últimas décadas y que ha dominado su entorno. Se encuentra en un alto sobre la carretera y se ha erigido en la capital del turismo de la zona. Aunque es un turismo principalmente interno, en tres días que estuvimos allí apenas vimos a otros extranjeros por la ciudad. Dentro de lo que es la ciudad no hay mucho que ver, como mucho un par de discotecas en las que, a pesar de ser martes y temporada baja, no nos dejaron entrar por ir con pantalones cortos. El verdadero tesoro de La Merced se encuentra en sus alrededores. La región cuenta con un parque natural y con una multitud de cataratas y lugares pintorescos enorme. Pero nosotros habíamos oído hablar de otra historia. A unas horas de viaje desde La Merced se encontraba Oxapampa y a la misma distancia, más al norte, Pozuzo. Bueno creo que eso es digno de un capítulo aparte así que lo dejo para el siguiente.

las despedidas siempre son tristes y se puede ver en como Lima se despedía de mi.

Estas son las típicas carreteras de montaña


Aquí se ven los caminones de las explotaciones mineras arañando la montaña



la llegada a la Oroya, como podeís ver un herial, una carretera en medio de la nada.



Esto ya es en Tarma

Y esto es ya cuando uno llega a la selva