viernes, 12 de febrero de 2010

el carnaval de cadiz en el cono sur (febrero 2010)

He llegado a Montevideo con el caranaval. No estaba preparado, pero casi mejor, la sorpresa fue mayor y el placer para que contar. Lo primero que me esperaba eran las llamadas. Las llamadas son los arrebatos candomberos de Montevideo. El candombe es la expresión africana de Uruguay, un ritmo de tambores que se toca en cuerdas de intérpretes que avanzan al paso lento de las cadenas que antaño les ataban por los pies. Los tambores cuando salían a la calle ya fuera en alguna fiesta o de forma improvisada se llamaban los unos a los otros, comenzaban a sonar y a juntarse. Las bodas, los funerales, la antiguas fiestas africanas transformadas por la esclavitud. Todo podía ser una excusa para sacar los tambores a la calle. Sin embargo no estaban bien vistos por los señores porque en ellos se podía escuchar el recuerdo de la libertad perdida, de las tradciones no cristianas, así que generalmente quedaban relegados a un par de días en el carnaval. Con el paso de los años, el final de la esclavitud y los cambios políticos, la fiesta fue cuajando como parte de la tradición uruguaya y hoy en día es parte indispensable del carnaval. Todo Montevideo se junta en las llamadas para bailar y gozar con las comparsas de negros y lubolos. Si hace unos años las llamadas eran algo exclusivamente negro ahora son de todo Uruguay. En las comparsas participan todas las razas. Los negros van de negros y los blancos también, se pintan el rostro convirtiéndose en lubolos. Son agrupaciones de barrio, gente que se conoce de compartir el mismo espacio y que practica todo el año para poner un espectáculo en pie, no por el dinero, ni por la fama, sino para pasárselo bien, para disfrutar un día de la magia de un día.






Si las comparsas son el carnaval negro de Uruguay, las murgas son el carnaval blanco. Las murgas son también agrupaciones de barrio, gente que durante todo el año compone música y letras, diseña vestuarios, prepara una coreografía y todo para luego durante un mes llevarla por los tablados que llenan la ciudad. En un tablado actuan en una noche unas tres o cuatro murgas, quizá en lugar de una de las murgas está una comparsa o unos parodistas. En Montevideo la murga es Uruguaya, pero para cualquiera que venga de España la murga es gaditana y se parecen, son primos hermanos, uno de esos casos de ida y vuelta que han unido los dos continentes a pesar del océano que les separaba. Cuando la murga termina los componentes hacen un paseillo en el que se mezclan con el público que les apalude de pie. Se besan, se hacen fotos y los percusionistas hacen una pequeña demostración entre la gente.









Voy a poner aquí algunas de las imágenes que me encontré por Montevideo. Este post no ha salido muy para allá pero por lo menos hay imágenes para que os hagais una idea.

Este edificio extraño domina toda la ciudad desde la plaza de Artigas. Casi nadie se fija pero tiene unos frisos espectaculares de hierro fundido.









Estas son algunas de las imágenes callejeras de la ciudad.











Y aquí está la gente maravillosa con la que me junté por ahí. Carlos, ¿de qué te ríes?

viernes, 29 de enero de 2010

kuelap, la ciudad perdida de los chachapoyas (25 de julio de 2009)

Los pliegues de la imensa masa de montañas que conforman los andes peruanos esconden misterios que hoy en día siguen en muchos casos ocultos. Uno sólo se da cuenta de lo aislado sy recónditos que son los lugares que visita cuando ve como la carretera se tuerce y se retuerce, se torsiona de forma imposible para descender apenas unos metros en busca de una población, de un paso entre dos inmensos bloques de roca y piedra que un temblor, un apretón de placas hizo elevarse en un súbito impulso geológico. Esos pasos y esas montañas ya estaban pobladas cuando los españoles llegaron en su rápida expansión por los territorios que tan sorpresivamente habían arrebatado al Inca. En la región que se encuentra entre Celendín y Chachapoyas, entre el altiplano y la selva, vivían los chachapoyas. Un pueblo que se defendió con todo lo que tenía contra los incas, que se replegó a las cumbres nubosas de sus montañas y se atrincheró en sus fortalezas más allá de las nubes. Con la llegada de los españoles pensaron que aparecía una oportunidad para liberarse del yugo de Cuzco y se alzaron. Como se dice, pasaron de Guatemala a guatepeor. Cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde y sus intentos por recuperar su independencia fueron en vano. Finalmente sus fortalezas fueron derrotadas y la región en la que vivían quedó bajo dominio de los nuevos señores de la tierra.
De sus construcciones quedan restos, todos ellos alejados de los caminos habituales que surcan las montañas, escondidos entre riscos o distantes en las cimas de montañas, escondidos tras un velo de neblina. La más famosa de todas estas construcciones es la fortaleza de Kuélap. A unos 20 Km de Chachapoyas hay un grupo de casas junto a la carretera. Tingo se llama. Desde allí parte un sendero que primero sigue el curso del río y posteriormente comienza la ascensión. Uno sabe que en algún lugar de las alturas que contempla hay una ciudad fortaleza fantasma. Sin embargo no se ve por ningún lado. Por más que se sube y se sube la cima sigue inaccesible y la fortaleza invisible. Finalmente, al cabo de tres horas de pendiente, en lo más alto del cerro se divisa una muralla de piedra sobre la que surge un bosque. Dentro hay toda una ciudad. Una ciudad con calles comidas por la vegetación, con muros y casas redondas que ya no sostentan su techo cónico como lo hacían hasta que fue allanada por los españoles y abandonada en las alturas. El concepto de la ciudad es evidentemente distinto, no hay calles y los círculos de las casas se distribuyen de forma irregular siguiendo un patrón que ahora está oculto y cubierto por esa misma vegetación, bajo las pezuñas de las llamas que lo cruzan ahora. Aislado como está las ruinas son habitables, uno anda por ellas sin el límite de las cuerdas y las vallas y contempla los profundos acantilados de los bordes que antiguamente eran su protección y su razón de ser. Los trabajos de restauración son lentos y trabajosos, llevan ya muchos años y avanzan, pero tan lentamente que la mayor parte de las casas y las construcciones solo asoman la parte superior de sus muros. A la falta de medios se ha añadido ahora otro peligro. En la zona se han encontrado yacimientos mineros y gran parte de la región que incluye la zona arqueológica ha sido concedida para su explotación a una compañía internacional de esas que no se caracterizan precisamente por sus preocupaciones históricas. Bajo sus palas y taladros pueden acabar muchos de los restos que todavía esperan ser encontrados en los valles y cortados de la selva montañosa.

























negras tormentas cubren los cielos de buenos aires (10 diciembre 2009)

Cuando el cielo se encapota en Buenos Aires uno se echa a temblar. Todo se oscurece y las hojas se arremolinan, la humedad alcanza su grado máximo, aunque una brisa suave pero firme disipa el pesado calor que hasta entonces dominaba el ambiente. Para cuando estalla todo el cielo parece empeñarse en bajar a la calle, en bajar y en subir, el viento ruge y juega con la lluvia obligándola a subir en lugar de bajar como está acostumbrada, justo cuando está a punto de tocar el suelo. La calle desaparece bajo una capa de agua que corre buscando los rincones y se esconde debajo de las baldosas que en Buenos Aires bailan y se balancean escodiendo bajo su lisa superficie un depósito sorpresa que, una vez que el cielo está limpio y las calles secas, sale traicionero para manchar de barro y humo los bajos de los pies más despistados. Una vez que ha terminado la ciudad recupera su luz y el calor húmedo que se vuelve a acumular hasta el próximo estallido de furia.