sábado, 23 de mayo de 2009

fotos de cartagena3

Un día en la playa.
En ese hostal que os digo, en el que me quedé en Cartagena había muy buen rollo, San Blas se llama. El que lo lleva es Belisario. Un día nos fuimos juntos con dos amigas suyas panameñas y con un chico argentino a la playa de bocagrande, en la lagunilla. Nos subimos en la picap de Belisario. Un monstruo estilo norteamericano que rugía como un león cada vez que aceleraba. Tres atrás con el perro y dos delante. Las fotos mías con diferentes fondos corresponden al viaje. En poco tiempo conseguí fondos de pantalla diferentes para mi cara. Era semana santa y la playa estaba a rebosar de una muchedumbre compuesta de cartageneros, turistas de Bogotá y Medellín, europeos y vendedores de las islas del rosario de los pueblos de alrededor que traían desde lámparas de coco a helados y cervezas, pasando por masajes, gafas, relojes... toda una infinidad de cosas que te era ofrecida una y otra vez hasta que se convertía en un sonido de fondo que dejaba de afectar tu cerebro consciente. Nos tomamos unas cervezas y dejamos que el calor y las tumbonas hicieran su efecto mientras intentabamos que el perro se metiera en el agua sin que Belisario, que tenía un tatuaje recién hecho, tuviera que meterse también... no lo conseguimos y el perro, obviamente, hizo lo que quiso. Las chicas optaron por el masaje y nosotros por la cerveza... ¿eso ya lo he dicho no? Bueno fueron unas cuantas. Cuando por fin estuvimos lo suficientemente bañados, por dentro y por fuera, hicimos la misma operación de vuelta. La unica diferencia fue que para quitarme la arena de los pies no se me ocurrió otra cosa que patear la hierba junto al coche. Inmediatamente salió un destacamento de hormigas rojas, pequeñas y asesinas que se aferraron a mis pies con una furia incontenible, totalmente desmedida para bichos de un tamaño tan pequeño. Tuve que ir quitándolas de una en una y luchar con ellas todo el camino de vuelta. En fin... pequeñas anécdotas para un día cotidiano en la playa. Sigo subiendo fotos.














martes, 19 de mayo de 2009

fotos de cartagena 2




fotos de cartagena



















un vendedor callejero
























un patio de la Cartagena intramuros.















un altar al café














el maravilloso coche que nos llevó al hostal.

cartagena mi amol

Bueno, pues siguiendo en orden cronológico y con algo de prisa, porque supongo que querreis llegar al presente y a la selva, os diré que en Coveñas tan sólo estuvimos un día y nos fuimos de nuevo a la carretera donde paramos al primer autobús que pasaba en dirección a Cartagena. Un autobús de La Costeña donde los asientos se caían al levantarse, pero al que no le faltaba el aire acondicionado a toda pastilla. Por suerte de Coveñas a Cartagena no hay tanto y finalmente llegamos a la terminal de transportes de Cartagena, que se encuentra en un descampado a las afueras. Para llegar a la ciudad cogimos un taxi de los años cincuenta, inmenso en el que hubieramos cabido no sólo nosotros sino otros cuatro y que el hombre mantenía en un perfecto estado. Nos llevó a través de todo el barrio de Olaya. Un barrio a las afueras de Cartagena, empobrecido, con casas de colores que conocieron tiempos mucho mejores y que no mantienen ningún respeto por la división dentro fuera, uno mirándolas se puede ver dentro o fuera según quiera, pero todo el mundo está fuera, en la calle o en la casa, pero fuera, visible. Llegamos ya anocheciendo al hostal. Lo conocíamos del boca a boca que es tan efectivo en los hostales de mochileros y resultó ser un hallazgo. El hostal tiene un patio con un palo de mango enorme del que cuelgan hamacas. Las habitaciones están sobre el patio y el ambiente que se respira es de tranquilidad. El barrio se llama Getsemaní. Está justo fuera de la muralla pero las casas son del XVII y del XVIII, como la del hostal. Es un barrio deprimido, pero tranquilo, en él conviven los turistas, con las putas, los indigentes, los comercios, los despistados y los que salen de marcha, porque también hay más de un bar que está bien en el barrio.
En cualquier caso la parte rica, la parte bonita e histórica está dentro de las murallas. Y dentro hay verdaderamente otro mundo. Cartagena está bañada por el sol. Así como Bogotá está bañada por la lluvia y cubierta por un manto de nubes, Cartagena ciega la vista cuando andas por sus calles a pleno día, con los ojos entornados te ves trasladado a otra época, a la época en que el caribe estaba lleno de piratas y galeones. Ya sé que es un poco crío, pero la verdad es que cuesta evitar pensarlo. La parte nueva de Cartagena, Bocagrande, sin embargo te traslada a Benidorm a Torremolinos. Aprovechando la inmensa bahía de Cartagena, que es como un puerto del futuro hecho por la naturaleza, han construído y construyen miles de hoteles en las sucias y tranquilas aguas de la bahía, donde miles de personas chapotean en un mar caliente y quieto, con gigantes de hormigón a sus espaldas. Cartagena no tiene playas. Por un lado el mar que rompe contra las murallas y el paseo marítimo y por el otro las playas internas que son un gran charco. Para ir a una buena playa hay que coger un barco y navegar unas cuantas horas hasta playa blanca o las islas del rosario. Pero la ciudad tiene suficientes encantos como para quedarte sin playa aun estando en el Caribe.
Bueno subire unas fotos y si acaso luego cuento algo más de Cartagena

lunes, 18 de mayo de 2009

fotos de coveñas









a coveñasssss

Bueno pues ya que he comenzado no me voy a parar tan pronto y sigo contando, aunque son cosas que sucedieron hace ya mucho tiempo, allá por el mes de marzo entrando en abril. Pero bueno eso es lo que le pasa a uno cuando no hace los deberes a tiempo.
El caso es que, después de una semana y media en Medellín, tomé la decisión de seguir viaje hacia la costa. La decisión se fue cociendo en la piscina del hotel a fuego lento mientras hablaba con unos y con otros y sopesaba las posibilidades y finalmente se tomó en una discoteca horrible de Medellín en la que coincidimos un grupo de gente maduros para la partida. Así que Manu el italiano y Tobias el sueco nos preparamos para la partida. Al grupo se unió Nikita una holandesa directamente allí en la discoteca.
Tomamos el autobus de la noche con dirección a Coveñas y dormimos y dormimos todo lo que el frío, la película de Van Dam y los ronquidos de la convención nos dejaron y por la mañana aparecimos rodeados de sol, atravesando la sabana del norte y con la sensación de mar cerca. Fuimos despertándonos hasta que finalmente llegamos a Coveñas y nos quedamos en medio de una carretera con las maletas, mirando hacia el otro lado.
Coveñas esta en un extremo del golfo de Morrosquillos, en el otro está Tolú. Todo el golfo se ha convertido en un destino turístico con pequeños hoteles y habitaciones, discotecas, y restaurantes, que si bien no son benidorm, algún día pueden llegar a serlo. Es el primer sitio de vacaciones así que veía en ese estilo y hay que añadir que era semana santa y estaba lleno de gente. El golfo es una sola playa. La arena llega hasta los edificios y en medio hay una larga línea de cocoteros que dibujan el perfil contra el cielo azul. En el fondo se ve Tolú con sus edificios altos apuntando maneras de ciudad de recreo. Por la playa pasean vendedores de todo tipo que te asaltan constantemente ofreciéndote cosas, desde colgantes y lámparas, hasta masajes y trenzas para el pelo, con una insistencia que te hace maldecir de una las vacaciones y los lugares hechos para el turismo.
Encontramos el sitio más barato posible. Una especie de horno bunker en el que cabíamos los cuatro justo enfrente de la playa. Con la familia entera en la puerta de entrada tumbados esperando que pasara el día.
El caribe se me apareció así. Una imagen de benidorm con acento costeño, supermercado de playa en el que, eso sí, las ostras valían apenas 5o céntimos.
Entre las cosas buenas que enseguida nos convencieron hay que poner los zumos de frutas que aquí, por alguna razón, sabían mejor y más fuerte y el pescado de mar, fresco, recién pescado que alternaba un poco la dieta a base de corrientazo (o menú del día en colombiano) de carne que llevábamos desde hacía un tiempo.
En el primer sitio donde comimos estaba toda la familia en la casa, porque de hecho era su casa. Más tarde subiré algunas fotos. El hombre había sido pescador de allí toda su vida, cuando Coveñas no era más que un pequeño pueblo en el que no había nada. Ahora no le dejaban hacer fuegos en la playa y como no podía poner un restaurante traía turistas a su casa para darles de comer. El caldo de pescado, según él, era bueno para "la materia cerebrálica" y el pensamiento y no tenía más que ventajas. Era todo sonrisas y miradas tiernas para nuestra nórdica acompañante y entre él y sus nietas nos hicieron reirnos toda la sobremesa.

fotos de Medellín