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viernes, 12 de junio de 2009

Y Guanes

Desde Barichara hay una senda que baja el valle hasta el pueblo de Guane. La región era el hogar de los indios Guane, vecinos de los muiscas que se centraban en el hoy departamento de Boyacá, donde está Villa de Leyva. El camino era un antiguo camino local que después fue rehecho por los españoles y que quedó inutilizado hasta que en el siglo XIX se le ocurrió a un alemán reconstruirlo. Hoy es un paseo precioso en medio de la naturaleza como podreis ver.







De vez en cuando el camino corta la nueva carretera.




Por el camino me encontré este árbol comido por el parásito colgante que lo hace tan bello. Lo más chulo era que uno se podía poner debajo de los colgantes y disfrutar de cómo la luz se filtraba.


Pero el camino seguía y pronto llegué a Guanes.









barichara

Le llega el turno a Barichara. Os dejo con las imágenes de este pequeño pueblo entre lomas verdes y fértiles. A mi me recordó enormemente a Salento, a Villa de Leyva y a Patones. No digo mucho porque realmente estuve unas horas paseando nada más. Me resultó un lugar tranquilo, apacible, muy relajado.

La plaza central.

Otra vista de la plaza central. El pueblo entero está en cuesta y se convierte en una especie de balcón sobre el valle. En el frente siempre están presentes los cerros del otro lado como un fondo verde.



Había una llovizna suave, casi imperceptible que mojaba los adoquines y dejaba un color oscuro en todo lo que tocaba.





Esta es la hermita que hay en lo más alto del pueblo. Como todo el pueblo está en cuesta, pero lo que impresiona es que, en lugar de alisar el suelo y dejarlo horizontal, han mantenido una inclinación enorme, de forma que hay que escalar casi el cuerpo de la iglesia para llegar al altar.

Una ventana del pueblo con una cruz, supongo que sería de semana santa o algo así, la verdad es que no tengo la suficiente cultura religiosa como para saber qué es.

Había puertas para elegir.

Una calle del pueblo. Como podeis ver estaba todo en calma... muy en calma.

Detrás del pueblo había calles sin empedrar que se perdían en unos jardines junto al río que eran preciosos y como no... sin gente.



Este era el final de ese paseo por entre los árboles, un mirador lateral del pueblo.

Bueno y la tranquilidad duró lo que tardaron los niños en salir del colegio.


Dentro del Ayuntamiento hay un monumento a la hormiga culona. Es una hormiga de la zona que se come cuando sale en temporada que era precisamente cuando yo estuve.