jueves, 28 de enero de 2010

más salar de uyuni (21 de octubre de 2009)

Todo lo que veis en estas fotos son los alrededores del salar de Uyuni. Kilómetros y kilómetros de desierto y alturas, repleto de pequeñas lagunas de colores en las que campan los flamencos, a salvo durante mucho tiempo, del ser humano. Es probablemente el lugar más inóspito que he visto en mi vida. Un ambiente dificilmente compatible con la existencia animal y sin embargo de entre las rocas surgen plantas y en los espacios de agua llenos de borax se ven aves alimentándose de animales invisibles. Los humanos por ahí viven en las reservas naturales, las cuidan y dan de comer a los turistas que las recorren en 4x4 cargados de comida, gasolina, ojos y cámaras de fotos que repiten los objetivos de un paisaje que no parece cambiar por más que sople el viento o pasen los años. En esas alturas casi no llueve y lo único que cambia la faz de la tierra son los volcanes y el ser humano que lo surca con rayas de neumáticos y de trenes fantasma que atraviesan la inmensidad cuando nadie les ve.

























lunes, 21 de diciembre de 2009

panorámicas de bolivia

A falta de muchos textos que poner voy a colgar una serie de fotografías panorámicas del viaje por Bolivia






sábado, 12 de diciembre de 2009

la recoleta (12 de diciembre de 2009)

Bueno esta vez si que me pasé. Ni he mirado la última vez que actualicé el blog. Mejor no hacerlo. Llegué, ya llegué a Buenos Aires y ahí me estaba esperando una dura vuelta al mundo laboral. Una traducción que me mantuvo atado a la silla durante el día, dejándome libre por las noches para que conociera las calles de una ciudad que en mi cerebro tomó el aspecto de Madrid.
Todo esto para decir que finalmente terminé la traducción y salí finalmente de día. ¿A dónde? Al cementerio. A la Recoleta. La Recoleta es un barrio, un barrio pijo, de casas de piedra con grandes puertas y porteros vigilándolas, llenas de tiendas de diseño y sin restos de perros por las aceras. Un barrio en el que las cosas cuestan más o menos el doble que en los demás barrios. De pronto mientras uno camina por sus calles llenas de policías y barrenderos, uno se encuentra con un muro antiguo de ladrillo, un muro sobre el que sobresalen ángeles de piedra y cúpulas arrasadas por el tiempo. En medio del muro hay una enorme puerta que da paso al cementerio. En la entrada hay un plano en el que se ven bien claras las calles y callejuelas, cortadas todas en ángulos rectos y creando figuras poligonales sobre el blanco del fondo. Una vez que se mete uno dentro toda esa ortogonalidad desaparece y uno se sumerge en un mundo retorcido y barroco en el que te asaltan los mármoles y los cristales, los hierros oxidados, las telarañas y las estatuas con alas y sin ellas.