domingo, 19 de julio de 2009

de camino a Huaraz

Después de tres semanas geniales en Lima sentí que ya tenía que ponerme en camino. Ahí estaba todo el norte de Perú esperándome, así que comencé por el principio, lo más cercano a Lima, el callejón de Huaylas. Se trata de un enorme valle entre dos cordilleras impresionantes. En el lado occidental la cordillera negra y en el oriental la impresionante cordillera blanca, donde se encuentran algunos de los picos más altos de toda sudamérica. Pero bueno para llegar primero hay que ir y eso es lo que hice. Primero salir del monstruo limeño que se extiende por horas y horas y luego cruzar el desierto. Un desierto nublado en el que parece que a cada instante va a llover, pero en el que no cae más que una ligera garua muy de vez en cuando. Lo cruzan carreteras y lo pueblan ciudades y fábricas, puertos y procesadoras de harina de pescado. Uno va pasando por entre dunas y planicies infinitas hasta que de pronto la carretera gira a la derecha y comienza a ascender. A partir de ahí uno se adentra en los andes poco a poco. Del nivel del mar sube a los 4000 metros para descender después un poco hacia el valle. Antes de llegar al viajero le espera una amplia llanura rodeada de montañas blancas en la distancia. La altura hace el aire transparente y el contraste con el aire pesado y nublado de la costa no puede ser mayor. Uno siente como los pulmones se encogen por la altura pero como la vista se ensancha y se aclara. El sol ha comenzado a brillar y a hacerte entrecerrar los ojos.

En el autobus, para que no nos aburriéramos durante el camino organizaron un bingo. Nos dieron cartones y el terramozo se puso a cantar números con el micrófono. El premio era un billete de vuelta, que a mi no me valía para nada, pero el instinto jugador y el aburrimiento me hicieron ceder. La desgracia es que me quedé a bien poco de conseguirlo.








mazorcas de maíz al sol secándose.


y el bingo lo intentaré subir cuando tenga una conexión buena porque si no tarda horas y horas.

sábado, 18 de julio de 2009

el oráculo de Pachacamac

A unos kilómetros al sur de Lima, conduciendo por la panamericana uno se encuentra con Pachacamac, lo que, a la llegada de los españoles a estas tierras era el oráculo más famoso de todo el Perú y uno de los centros religiosos con más prestigio de todo el territorio. Su Dios controlaba los terremotos y aquí venían los Incas a rendir homenaje. Saltándose su propia costumbre no se llevaron la imagen a Cusco sino que la dejaron en su sitio y ampliaron el santuario creando su propio templo al Dios sol. Ahora las ruinas de todo este complejo van poco a poco siendo fagocitadas por la ciudad que se expande a través del desierto. Los cúmulos de piedras y ladrillos de adobe van siendo rodeados por una pandilla de jóvenes casas que amenazan con saltar la frágil valla que la separa del presente y del futuro y meterla de una en la vorágine de coches y cláxones que la rodea.
El desierto tan sólo se ve roto por un pequeño parche de verde que rodea la casa de las vírgenes, otro de los edificios que atestiguan la presencia inca en este lugar. El resto es árido, arenoso como toda la costa peruana, marrón con el cielo gris hasta que se llega al valle detrás de los santuarios. Ese valle era el que alimentaba a la enorme población que albergaba esta ciudad sagrada. Cuando los españoles llegaron a Cusco, antes de que Lima todavía estuviese pensada siquiera, oyeron de la fama de este Dios que gobernaba la tierra y al que todos preferían mantener contento, atemorizados por su increible poder. Como no podía ser de otra manera fueron a ver que maquinación del diablo era aquella y entraron hasta la cocina del templo principal tan sólo para encontrar un tronco tallado que representaba a tamaña deidad. La sacaron a la luz ridiculizándola y acabando así con su influencia en la tierra. Cuando llegaron sin embargo encontraron una enorme ciudad en la que vivieron unas semanas. Toda una urbe dedicada única y exclusivamente al culto al dios de los temblores. Como de costumbre a los españoles sólo les interesó el oro y las riquezas que aquí servían de ofrenda y arramplaron con todo lo que había allí para añadirlo a la habitación de oro que se iba formando en Cajamarca. Al poco la nueva capital que vendría a sustituir a Cusco estaría a unos kilómetros escasos de este centro espiritual del mundo preincaico.
Los primeros habitantes de estos lugares estaban emparentados con los Lima. Como ellos adoraban a los dioses del mar, un mar junto al que vivía y del que conseguían su alimento. Pero por aquí obviamente pasaron los grandes imperios de esta zona del mundo y todos dejaron su impronta, todos respetaron el santuario y le fueron añadiendo edificios y tradiciones. Finalmente los incas en lo más alto de la colina construyeron su templo en honor al sol y varios palacios entre los que se encontraba el del gobernador inca en estas tierras.


De camino a Pachacamac. Lo que veis en la primera foto es una duna. De aquí sacan arena para la construcción, así de sencillo, llegan la cogen y se la llevan, la ventaja de vivir en el desierto.
Pero lo increible es que poco después en la misma duna han comenzado a construir aldeas de invasión con el consiguiente peligro de desplome que hay.
Este es el palacio de las vírgenes, el Aqlla Wasi.
Este es el famoso dios Pachacamac, el mismo que Hernando Pizarro sacó y destrozó ante la mirada aterrada de los sacerdotes. Es una reproducción, pero se encontró un original intacto en las excavaciones, lo que implica que o bien no lo destruyó o bien había más de una representación.


Esta es una de las calles que cruzan la ciudad de Pachacamac.

Este era el edificio del Oráculo, el único que estaba pintado con colores ocres.
Este es el edificio del templo del sol, desde su mirador se tiene una increible vista sobre el valle y sobre el mar al mismo tiempo.
Aquí los japoneses que ni siquiera bajaron del autobús.
Aquí se puede ver como la ciudad se acerca paso a paso hacia las ruinas.



y alguna panorámica.

lunes, 13 de julio de 2009

tabernas de Lima

Lima está llena de tabernas, de lugares que respiran a antiguo y a vivido. Lugares que se hicieron en un estilo y conservan sus señas de identidad aunque pase el tiempo y se acumulen las reformas, aunque pasen de estar rodeados de acequias a estar rodeados de aceras y de asfalto. Una de ellas es el Queirolo que está cerca de casa de Tomás. Como en casi todos los sitios en Lima hay siempre alguien que con una guitarra ameniza el ambiente con música criolla, con más o menos éxito. Este sitio se convierte en lugar de reunión de la gente del barrio que se toman aquí sus aperitivos o sus comidas.




Estando sentados en la taberna vinieron de pronto un grupo de chicos muy jóvenes. Yo les había visto merodear fuera, pararse, hablar entre ellos, discutir y finalmente jugárse a los chinos algo. Finalmente se acercaron a la primera mesa donde un grupo de cincuentones cantaban valsecitos con el guitarrista del lugar y les preguntaron si les podían hacer unas fotos. Las caras de todo el grupo se iluminaron y las chicas comenzaron una vorágine de fotos a la que me uní para tener una imagen del cazador cazado. Fue un momento divertido que tiene su secuencia de fotos.







Reflejos, Perú jugaba partido de clasificación y la gente paraba en la puerta para ver cómo iba.

Supe y la costa norte peruana

Como he dicho la ciudad más cercana es Supe. Después de ver Caral, fuimos a conocer Supe y ver si podíamos ver algunas de las ciudades hermanas de Caral por allí. Se nos hizo tarde y tan sólo fuimos a ver el mar. La costa peruana, por lo menos la norte es muy parecida toda ella. Es un enorme desierto, un enorme y fértil desierto. Fértil porque está cruzado cada poco por ríos provenientes de los Andes que hacen germinar todo lo imaginable en sus cuencas. El paisaje es duro, árido, a pesar de ver arena y desierto, el cielo está nublado casi permanentemente y uno no ve más que una luz cetrina y opresiva. Todo el mundo dice que en verano la cosa cambia y que luce el sol.


La otra riqueza de esta parte del Perú fue siempre la pesca. En todos los asentamientos de la zona se han encontrado redes, calabazas para hacer de boya, anzuelos y otros utensilios para los trabajos del mar. Es un mar que con razón se llama Pacífico, como prueba mirad cómo hacen aquí los puertos, un espigón que se adentra en el mar desde donde uno se acerca en barca al barco que está anclado en medio del mar sin protección. Imposible imaginar algo así en el Atlántico, sin embargo aquí son todos así.


sábado, 11 de julio de 2009

Caral, el origen

Al norte de Lima, subiendo por la panamericana uno llega a la región de Barranca. Si se desvía en Supe toma una pequeña carretera que le lleva al pueblo de Caral. El pueblo descansa en la parte fértil del valle, alrededor el desierto y las montañas. Hasta hace unos años la vida en Caral era tranquila, apartada. Allí no había nada, nadie de fuera llegaba. A las afueras del pueblo había unas huacas y detrás de ellas unas montañas, unos montículos informes. Nadie sospechaba lo que se encontraba debajo de la arena hasta que los arqueólogos empezaron a rascar la superficie. Algun que otro arqueólogo ya había intuído algo, pero fue finalmente Ruth Shadie la que se puso manos a la obra y se puso a excavar. Poco a poco comenzaron a surgir edificios de una civilización, otra más para el ya repleto mapa del Perú. Una ciudad entera compuesta por pirámides escalonadas. Comenzaron a buscar, pero curiosamente no hallaron las murallas de la ciudad. Más sorprendente fue que no hallaron armas, ni restos de guerreros, ni representaciones de batallas. Parecía como si aquella gente no conociera la actividad más antigua del hombre, pelearse. Todas las investigaciones indicaban que esa sociedad estaba regida por una teocracia, que se dedicaban al comercio con otras partes de la costa y de la sierra y que Caral (que no era la más grande de las ciudades de la región) era, sin embargo, el centro espiritual. La mayor sorpresa estaba todavía por venir. Con material hallado en una de las pirámides hicieron la prueba del carbono 14 y los resultados indicaban que tenía casi 5000 años de antigüedad. Se convertía de golpe y porrazo en la ciudad más antigua de toda sudamérica. Se convertía en el origen de esa civilización que había surgido de forma independiente al mismo tiempo que Catal Huyuk o Mesopotamia. Los orígenes de una civilización original que no estaba emparentada con ninguna otra en el mundo. Había algo totalmente inesperado en este hallazgo. Como ya he dicho la ciudad no tenía murallas, en ella no se encontraron armas ni armaduras ni representaciones de guerreros o de luchas. En todo el valle, en la costa y en los alrededores se comeenzaron a encontrar yacimientos de la misma cultura. Unos producían pescado, otros traían productos de la sierra, otros de la selva. Había todo un complejo de relaciones que no se basaba en la dominación militar sino que se basaba en el comercio. La ciudad de Caral y el valle producían algodón y con él hacían redes de pesca.

Tomás de expedicionario recorriendo los desiertos de la historia.


Algunas panorámicas de alguos de los edificios clave de Caral.










Como podéis ver, todo es un desierto, pero abajo, en el valle brilla el verde alrededor del río. Esa era la riqueza de este sitio.


Una vista aérea del conjunto.