domingo, 1 de noviembre de 2009

la paz... ¿realmente existe?

No sé si existe la Paz, pero desde luego no se encuentra en la ciudad de la Paz igual que Buenos Aires tiene el aire bien contaminado. Desde el norte uno llega a la Paz por el altiplano. Sobre una inmensa llanura se alza la cordillera real con sus picos nevados en línea recta que se extienden hacia el infinito marcando una de las fronteras del lago Titicaca. Cuando uno finalmente llega a la Paz tiene la sensación de haber llegado a un barrio en lugar de a una ciudad, y precisamente eso es lo que ha hecho. Uno, desde el norte, llega al Alto. Un inmenso barrio en la llanura sobre la Paz, que ha crecido de forma espectacular en los últimos años, alimentado por la emigración interna. Por el alto se despliega una cuadrícula de calles con esquinas rectas que contrasta con la improvisación que un poquito más abajo uno alcanza a ver cuando llega al final del barranco que es el Alto. Allí abajo, como si fuera un mirador uno puede contemplar toda la Paz. El hoyo en el que la ciuda va deslizándose como si fuera un skater que se dispone a lanzarse a la U y hacer una pirueta. Es ahí abajo donde la ciudad nació y donde la ciudad creció hasta convertirse finalmente en la capital de un país que como tal nunca existió hasta que finalmente los libertadores españoles se pusieron a luchar contra los opresores españoles y finalmente se lo entregaron como retiro de lujo al emperador que no pude ser pero que siempre quiso y al que hasta le pusieron su nombre. Todo empezó alrededor del convento de San Francisco que los curas españoles fundaron para evangelizar y cristianizar a todos esos salvajes que andaban por la puna sin saber nada de Cristo y su cruzada por convertir a todos a la fe verdadera. Y es precisamente alrededor de este convento que se encuentra lo que uno puede asociar a una ciudad española, una ciudad colonial. Más abajo fue creciendo y desarrollándose la ciudad hasta que las tornas cambiaron y la población vino directamente al Alto.
En la Paz todo son cuestas, todo son escaleras y pendientes que te hacen perder el resuello. En su parte más baja la ciudad está a 3400 metros sobre el nivel del mar, mientras que en la cima alcanza los 4000. La ciudad está siempre en movimiento, llena de autobuses y taxis que buscan su camino entre los vericuetos laberínticos de cuestas y giros a derecha e izquierda que parecen no llegar nunca a ninguna parte.
La población es en su mayoría indígena y apoya indiscutiblemente a Evo. A pesar de lo que había escuchado y de las advertencias que me habían dado, la ciudad, dentro de su locura, me pareció agradable, acogedora, tranquila aunque esté llena siempre de gente moviéndose de un lado para otro, lo que en la Paz significa de arriba a abajo.
















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